Las condiciones son un rival más
El cambio de campo cada 7 puntos (cada 5 en el set decisivo) existe por una razón precisa: las dos mitades del campo no son iguales. El viento y el sol hacen que un lado sea más fácil que el otro, y el reglamento distribuye la desventaja en lugar de eliminarla. Quien juega bien no espera a que pase el turno desfavorable: sabe qué hacer en cada uno de ellos.
La primera decisión llega antes del primer saque. El sorteo otorga la elección entre servicio y campo: con viento fuerte, elegir el campo correcto suele valer más que el servicio.
Jugar con el viento en contra
El viento en contra frena el balón y lo hace caer corto. Las consecuencias:
- Hay que darle potencia al saque. Un saque normal muere en la red o le cae encima al receptor. Se necesita una trayectoria más tensa y más fuerte, y vale la pena arriesgar: el saque contra el viento es el que menos se falla.
- Las colocaciones se quedan cortas. Colocar "como siempre" significa mandar el balón contra la red: hay que colocar más lejos de la red y más hacia el interior del campo.
- El ataque de línea profundo pierde eficacia, porque el balón vuelve. Mejor golpear más fuerte y más bajo, o buscar la diagonal corta.
- El globo profundo es casi inútil: se frena a mitad de campo.
Jugar con el viento a favor
Es el lado que parece cómodo y que, en cambio, provoca más errores.
- Hay que domar el saque. El balón vuela: se necesita una trayectoria más baja y un golpe controlado, apuntando dentro del campo y no a la línea.
- Las colocaciones se escapan más allá de la red. Se coloca más corto y más bajo de lo habitual, y conviene jugar el balón al compañero que ataca desde una posición retrasada.
- Atención a los balones "libres" que parecen fuera. Con el viento a favor, un balón aparentemente largo vuelve a entrar, y viceversa: la regla práctica es jugar siempre el balón dudoso y dejar solo los que están claramente fuera.
- El globo profundo se convierte en la mejor arma, porque el viento lo lleva hasta la línea de fondo.
Viento lateral y ráfagas de viento
El viento lateral es el más insidioso porque desplaza el balón de forma asimétrica: el saque debe apuntar barlovento respecto al objetivo, y en recepción conviene colocarse un paso hacia el lado del que viene el viento. Las colocaciones deben mantenerse bajas: un balón alto con viento lateral es injugable.
Con las ráfagas, el único enfoque sensato es colocar bajo, atacar rápido y renunciar a las trayectorias largas. En estas condiciones, los partidos se ganan con los errores del rival: quien mantiene el balón dentro del campo consigue puntos sin hacer nada especial.
El sol
Al sol no se le combate, se le aprovecha. Si un lado te obliga a mirar hacia arriba, en dirección al sol, el saque alto y profundo hacia ese lado es la opción más rentable, y lo mismo se aplica al globo. En el otro lado, cuando sea tu turno desfavorable:
- usa gorra con la visera baja y gafas de sol, ambas permitidas;
- tápate con la mano libre mientras sigues el balón, en lugar de entrecerrar los ojos;
- pide el balón en voz alta más de lo habitual: un compañero que ve el balón vale más que uno que lo adivina;
- deja el balón dudoso al compañero que tiene el sol a la espalda, si tienes tiempo para ello.
Un detalle que decide muchos partidos por la tarde: en caso de duda al elegir el campo, mira dónde estará el sol dentro de media hora, no dónde está ahora.
Arena mojada, arena seca
La lluvia reciente compacta la arena: se corre mejor, se salta más alto y las planchas se vuelven más duras. La arena seca y caliente hace lo contrario. No es una condición que debas sufrir pasivamente: sobre arena compacta el ataque potente vuelve a dar sus frutos, sobre arena blanda conviene asegurar y alargar los intercambios.
Si organizas un torneo, recuerda que la arena seca a mediodía puede estar demasiado caliente para los pies descalzos: mojar el campo entre turnos lo soluciona, y el reglamento permite al árbitro autorizar el uso de zapatillas cuando la arena está demasiado caliente o demasiado fría.
La regla de oro
En condiciones difíciles no gana quien juega mejor: gana quien comete menos errores por elección. Reducir la ambición de los golpes, colocar bajo, sacar con margen y jugar todos los balones dudosos son decisiones que parecen conservadoras pero que, en cambio, generan puntos. El momento de arriesgar es el turno con el viento en contra: ahí es donde un saque fuerte consigue el break.