La regla general: decidido antes, no en el momento
Cada imprevisto de un torneo tiene dos costes: el del imprevisto y el de la discusión sobre qué hacer. El segundo es casi siempre más alto, y se reduce a cero escribiendo las respuestas en el reglamento. No hace falta preverlo todo: basta con los seis casos que ocurren de verdad.
1. El equipo que se retrasa
A definir: cuántos minutos de tolerancia desde la hora indicada y con qué resultado se otorga el partido por perdido. Una convención razonable para un torneo de un día: quince minutos de tolerancia, tras los cuales el partido se pierde por incomparecencia con un resultado convencional declarado — por ejemplo, 2-0 con parciales de 25-0 si se juega a 25, o bien 2-0 (21-0, 21-0) si se juega a 21. El quid no es qué resultado elijas: es que esté por escrito, porque esos parciales influyen en el cociente de puntos y afectan a la clasificación de todos.
Un detalle que vale la pena: si el equipo llega dentro de la tolerancia, el partido se juega en formato reducido (un solo set, o set acortado) para no descuadrar todo el calendario. Esto también debe decidirse antes.
2. El equipo incompleto
Ocurre más que el forfait: llegan cinco porque uno está en urgencias o se ha quedado atrapado en un atasco. Las opciones, en orden de cuánto estropean el torneo:
- jugar con cinco con un hueco en la rotación: el equipo está penalizado pero el partido se juega y es la mejor opción en un contexto amateur;
- préstamo de otro equipo, con el acuerdo del rival de ese partido, y a condición de que el jugador prestado no esté ya inscrito en el acta de otro equipo del mismo grupo;
- forfait.
El reglamento debe indicar cuántos jugadores se necesitan como mínimo para empezar un partido: cuatro o cinco para el 6 contra 6 es un límite sensato. Si no lo dice, la decisión te corresponderá a ti en medio de la pista, delante de doce personas que tienen una opinión.
3. El equipo que se retira con el torneo empezado
Es el caso más antipático, porque ensucia la clasificación del grupo. Las dos gestiones posibles, ambas legítimas:
- anular todos los partidos ya jugados por el equipo que se retira, como si nunca hubiera participado. El grupo queda limpio, pero quienes le habían ganado pierden los puntos obtenidos;
- mantener los resultados ya obtenidos y otorgar por perdidos los restantes. Más sencillo de gestionar, pero introduce una ventaja aleatoria para quienes aún debían enfrentarse a él.
Elige y escríbelo. En la práctica, para un torneo de un día, la segunda opción genera menos malestar, porque a nadie se le anula una victoria.
4. La lesión
La prioridad es obvia y es lo primero que se olvida: se necesita un botiquín de primeros auxilios accesible, con hielo instantáneo, tiritas, desinfectante y vendas elásticas, y se debe saber quién llama a emergencias y dónde están las vías de acceso para una ambulancia. Si el torneo es grande o en la playa, las normas locales pueden exigir la presencia de personal sanitario: compruébalo en la fase de autorización.
En el plano deportivo: el partido se interrumpe, el tiempo se recupera reduciendo el calentamiento o acortando los sets, y el equipo en inferioridad decide si continúa. Nadie debe sentirse obligado a volver a la pista porque "si no, perdemos el partido": pon en el reglamento que la lesión no conlleva sanciones.
5. El retraso acumulado
A las tres de la tarde lleváis cuarenta minutos de retraso: normal. Las medidas, en orden de cuánto afectan a la calidad del torneo:
- Recortar el calentamiento en la pista (de cinco minutos a dos). Recupera muy poco por partido y mucho en el total.
- Recortar el descanso entre sets, nunca del todo: la gente tiene que beber.
- Acortar los sets de los partidos no decisivos: de 21 a 15 puntos en un grupo ya decidido no le quita nada a nadie.
- Eliminar la final por el tercer y cuarto puesto. Impopular pero indoloro.
- Reducir la fase final a un solo set.
Lo que no se hace: hacer jugar dos partidos seguidos al mismo equipo para recuperar, y cambiar la fórmula a mitad del día cuando las clasificaciones ya están en juego. Lo primero provoca lesiones; lo segundo, protestas legítimas.
Anuncia el retraso en voz alta y con una cifra: "llevamos treinta y cinco minutos de retraso, los sets de los grupos se juegan a 15" es aceptado por todos. El silencio, no.
6. El pabellón o la pista que dejan de estar disponibles
El pabellón cierra una hora antes de lo previsto, una pista queda inutilizable por una filtración, en la playa llega la tormenta. Tres preparativos que cuestan cero:
- el número de teléfono de quien tiene las llaves y de quien gestiona la instalación, guardado de antes y no buscado en el momento;
- el límite a partir del cual se suspende, para los torneos al aire libre: con lluvia ligera se juega, con tormenta eléctrica se para. Decidirlo antes evita que sea el equipo que va ganando el que decida que se puede jugar;
- el criterio de validez del torneo: si se interrumpe, ¿el torneo es válido si se ha completado al menos la fase de grupos? ¿Gana quien iba primero? ¿Se anula? Esta línea al final del reglamento es la que nadie lee y la que resuelve el peor día.
La persona que decide
Todo lo anterior funciona con una condición: que haya una persona con la autoridad para aplicarlo, nombrada en el reglamento, y que nadie tenga que convocar una asamblea para decidir si se dan quince minutos más. Un torneo amateur no necesita jerarquías, pero sí necesita a alguien que decida. Si organizáis entre dos, declarad quién de los dos.