El toque de antebrazos
El toque de antebrazos es el contacto con los antebrazos unidos, y la técnica se basa en cuatro puntos.
La posición. Pies más abiertos que la anchura de los hombros y ligeramente escalonados, rodillas flexionadas, peso en la parte delantera del pie, tronco inclinado hacia delante con la espalda recta. Brazos separados del cuerpo, no pegados al pecho.
Las manos. Se unen en el momento del contacto, no antes: un puño cerrado envuelto por la otra mano, o bien las palmas superpuestas, con los pulgares juntos y paralelos. Los pulgares apuntan hacia abajo, nunca hacia arriba; de lo contrario, el balón tocará las manos en lugar de los antebrazos.
El contacto. El balón toca la parte plana e interna de los antebrazos, justo por encima de las muñecas. Los brazos permanecen tensos y firmes: el toque de antebrazos no es un golpe de brazos, es un plano inclinado con el que se encuentra el balón.
El empuje. Proviene de las piernas al extenderse, y la dirección la determina la inclinación de los brazos y la orientación de los hombros. El balón irá hacia donde apunten los hombros, independientemente de hacia dónde mires.
Errores típicos: doblar los codos (el balón sale despedido hacia delante), pulgares hacia arriba, golpear con las muñecas o con las manos, oscilar los brazos de arriba abajo, recibir en movimiento.
Recibir el saque
Aquí el objetivo es preciso: entregar el balón al colocador, a dos o tres metros de la red. Tres criterios.
Repartirse el campo. Con seis jugadores, la recepción de tres (los dos receptores y el líbero, o quienes hagan sus funciones) es la disposición más sencilla y eficaz: cada uno cubre una franja vertical y pide su balón. La recepción de dos, típica del juego avanzado, requiere jugadores muy móviles.
Llamar al balón. "¡Mía!" en voz alta antes del contacto. Un balón entre dos personas es la primera causa de puntos regalados en un equipo aficionado, y se soluciona únicamente con la voz.
Detenerse. En el momento en que el sacador golpea, los pies deben estar quietos. A partir de ahí se lee la trayectoria y se avanza, con pasos rápidos, para llegar detrás del balón y no de lado.
En saques especiales: el flotante cambia de trayectoria, por lo que hay que esperarlo con los brazos listos pero sin anticiparse; ante un saque largo se retrocede con pasos cruzados y no corriendo de espaldas; ante un balón que parece largo se aplica la regla de dejar pasar solo los que estén claramente fuera.
Defender el remate
La defensa es un toque de antebrazos ejecutado en peores condiciones: balón más rápido, menos tiempo, trayectorias más bajas. Las prioridades cambiano: no se busca la precisión, sino mantener el balón en juego y alto.
Tres reglas que valen más que cualquier técnica:
- Parados en el momento del golpeo. Si estás en movimiento cuando el atacante golpea, no podrás reaccionar. Esta es la regla número uno de la defensa, y la más vulnerada.
- Bajos. La posición de defensa es más baja que la de recepción: peso hacia delante, manos delante de las rodillas, listos para bajar aún más. Desde una posición alta no se llega a nada.
- Defender alto y al centro del campo. Un balón defendido que sube alto da tiempo al equipo para organizarse. Un balón defendido tenso hacia la red casi siempre se pierde.
Dónde colocarse
La posición depende del bloqueo (ver la página dedicada): el bloqueo anula una zona, la defensa cubre la otra. Dos pautas siempre válidas en el ámbito aficionado:
- Alguien debe cubrir la finta detrás del bloqueo. Es el balón más frecuente y el más ignorado. Debe asignarse a una persona concreta.
- Nadie detrás del bloqueo en la misma línea. Quien se sitúa exactamente detrás de las manos del bloqueo no ve el balón y apenas atrapa nada: es mejor desplazarse un paso.
Los gestos en el suelo
En el juego aficionado se necesitan tres tipos de defensa, por orden de utilidad:
- El toque de antebrazos en estirada, con un paso lateral amplio y la rodilla flexionada: es la defensa que cubre más balones y no requiere ir al suelo.
- La rodada lateral: se cae sobre el costado y se rueda sobre la espalda. Es la forma segura de acabar en el suelo sobre parqué.
- El planchazo: para usar solo si se ha entrenado. Caer con las rodillas o con las muñecas rígidas es la forma más eficaz de lesionarse.
En una superficie dura como el parqué, las rodilleras no son un accesorio: son la única razón por la que podrás seguir defendiendo a los cincuenta años.
La cobertura del ataque
La defensa más olvidada de todas. Cuando tu equipo ataca, tres o cuatro jugadores deben estar bajos cerca del atacante, listos para recoger el balón que rechace el bloqueo. En el juego aficionado, el bloqueo rechaza balones cortos y recuperables: un equipo que cubre transforma un punto perdido en un intercambio reabierto, y lo hace muchas veces por set.
La regla práctica: cuando un compañero salta a atacar, no se le mira. Se va debajo de él, bajos, con las manos preparadas.
Entrenar el toque de antebrazos y la defensa
- Toque de antebrazos por parejas a distancia fija, contando las repeticiones consecutivas sin perder el control. Cincuenta es un buen objetivo.
- Toque de antebrazos contra la pared, en continuidad, a dos metros de distancia: entrena brazos firmes y pies.
- Recepción con objetivo: un aro o un cono donde el colocador distribuye el juego. Se cuenta cuántas recepciones llegan ahí, no cuántas no caen.
- Defensa ante ataque suave, con un compañero que golpea desde una plataforma hacia diferentes zonas: se trabaja la posición baja y los pies quietos.
- Series de diez balones consecutivos, en las que hay que mantener en juego diez seguidos. Es el ejercicio que enseña a no dar por perdido ningún balón difícil.
Una última cosa, la más importante y la menos técnica: en un equipo aficionado, la diferencia entre quien defiende bien y quien defiende mal es casi siempre la voluntad de intentarlo. La técnica ayuda, pero el balón que nadie intenta salvar se pierde de todos modos.